CIMMYT E-Boletín, vol 2 no. 9, septiembre de 2005

Auxiliado por dos técnicos y ante la atenta mirada de su colega Richard Threthowan, Bergvinson tira de la base de una planta de trigo con un pedazo del tubo interno de una cámara, atada a una balanza electrónica, con la cual registrará la fuerza máxima que se necesita para extraer el sistema radicular.

Buenas perspectivas para combatir el acame del trigo

Las técnicas aplicadas al maíz pueden generar mejores trigos.

Los productores de trigo no quieren que sus plantas se caigan antes de recoger la cosecha. El acame o vuelco se produce cuando el peso del grano aumenta demasiado y la planta no puede soportarlo. En consecuencia, la planta se dobla completamente y hay pérdida en los rendimientos. En los sistemas de producción de alto rendimiento, donde los agricultores pueden aplicar fertilizantes nitrogenados y agua, la espiga se vuelve tan pesada que la planta puede llegar a caerse. Producir trigo con grandes espigas y resistencia al acame son ambos objetivos del programa de fitomejoramiento del CIMMYT.

David Bergvinson es especialista en plagas del maíz, en cuyo cultivo el acame representa también un problema, que los insectos pueden exacerbar si dañan el sistema radicular de las plantas. Los investigadores han generado varias técnicas para medir la fuerza de las raíces del maíz. Bergvinson decidió probar en el trigo una técnica aplicada al maíz.

"La variedad le dá sabor a la vida", comenta Bergvinson, respecto al cambio que realiza en este experimento, de maíz a trigo. "Con frecuencia damos por hecho que tenemos técnicas establecidas en el cultivo al que nos dedicamos y no nos preocupamos por investigar cómo podrían aplicarse para abordar problemas importantes en otros cultivos".

Para probar la resistencia del tallo, Bergvinson utiliza un penetrómetro (medidor de fuerza) para tejidos, que él mismo adaptó para lograr mayor precisión al medir el frágil tallo del trigo. "Afortunadamente, habíamos creado un sistema, mediante nuestro trabajo en el campo y en plagas de almacenamiento en el maíz, que podía adaptarse al trigo", señala.

Junto con su colega, el mejorador de trigo Richard Trethowan, Bergvinson utilizó una balanza electrónica para medir la resistencia de la corona –donde las raíces se ramifican y penetran el suelo– tirando verticalmente de la planta hasta que la desenraizó. Además, probaron la resistencia del tallo en la base de la planta.

En este experimento, literalmente pionero, la teoría de Bergvinson y Trethowan es que el trigo con buen comportamiento –el que muestra más fuerza al ser desenraizado– resistirá también el acame. Hasta ahora han ensayado 50 líneas de trigo en tres de las estaciones experimentales del CIMMYT en México, todas con diferentes condiciones medio ambientales y tipos de suelo. El próximo ciclo esperan confirmar los resultados con más pruebas en la estación cercana a Ciudad Obregón.

Si bien los resultados no son definitivos, parece que los trigos sintéticos, mejorados a partir de trigo duro y sus parientes silvestres, tuvieron buen comportamiento en ambas pruebas. Esto no nos sorprende, pues los sintéticos son conocidos ya por su capacidad de mantenerse erguidos hasta con pesadas espigas. Las líneas de trigo que se sabe que sucumben al acame tuvieron un comportamiento pobre en las pruebas, lo cual indica que esta medida relativamente directa podría ser una buena opción para identificar y eliminar los trigos propensos al acame en el programa de mejoramiento.

Para más información, póngase en contacto con David Bergvinson (d.bergvinson@cgiar.org).

 
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