| Agricultores mexicanos de escasos
recursos cultivan más maíz "mejorado" de
lo que podría creerse

Nicolás Torres Sánchez, agricultor de 67 años,
originario de Querétaro, un poblado en la región
chiapaneca La Frailesca, cultiva lo que él llama “variedades
locales”, por su grano suave y dulce, así como
una variedad de maíz amarillo y un híbrido amarillo-rojo
de una empresa privada. También guarda semilla de varias
variedades criollas "...porque están adaptadas
a este lugar", pero dice que este tipo de variedades
están
desapareciendo rápidamente. |
Un estudio publicado por el CIMMYT muestra cómo
los agricultores en las zonas pobres del sureste de México
modifican las variedades y las razas criollas mejoradas para adaptarlas
a las condiciones y preferencias locales, mezclando los caracteres
que quieren obtener en las razas de maíz "acriollado"
que les proporcionan sustento, ingresos y tranquilidad.
¿Cuál es la mejor opción de cultivo
para los productores de maíz sin recursos en los países
en desarrollo: variedades mejoradas por métodos científicos
o "variedades criollas", tipos de maíz de adaptación
local generados durante siglos de selección por parte de
los habitantes de las zonas rurales? Larga y a veces acaloradamente
debatido en los círculos del desarrollo, el tema plantea
interrogantes respecto a las características que los agricultores
realmente aprecian y el valor de las modernas iniciativas de mejoramiento
en países como México, donde el 90% de los agricultores
rechazan la “semilla empaquetada” y prefieren sembrar
aquella que ellos guardan de sus propias cosechas.
A medida que la controversia avanza rápidamente,
parece que los agricultores mexicanos en la inexorable lucha de
la diaria supervivencia han ido atenuando las líneas entre
los dos extremos al cruzar sus variedades criollas con tipos de
maíz mejorado, en un proceso llamado criollización.
Una publicación reciente del CIMMYT muestra que el maíz
mejorado, mediante las variedades acriolladas, está en verdad
mejorando el bienestar de los agricultores mexicanos sin recursos,
ofreciéndoles atractivas combinaciones de las características
que ellos buscan.
“En la criollización, los agricultores
toman un producto del sistema de investigación formal y lo
modifican deliberadamente para adaptarlo a sus necesidades",
comenta Mauricio Bellon, ex especialista en ecología humana
del CIMMYT, quien trabaja ahora en el Instituto Internacional de
Recursos Fitogenéticos (International
Plant Genetic Resources Institute) y es el primer autor del
estudio. “Los agricultores hacen esto sembrando las variedades
mejoradas en sus propias condiciones y utilizando sus propias prácticas
agronómicas, seleccionando constantemente semilla de estas
variedades para resembrarlas y, a veces, promoviendo su hibridación
con variedades criollas, ya sea por diseño o por accidente".
Este método aporta a los agricultores ciertas ventajas del
maíz mejorado (menos altura y robustez) y, al mismo tiempo,
conserva las características cualitativas del grano y de
adaptación que ellos aprecian.
En el estudio los agricultores aplicaron métodos
participativos, estudios etnográficos, encuestas en hogares,
colecciones de muestras de maíz y evaluaciones agroeconómicas
de las muestras. Se efectuó en dos localidades mexicanas:
la costa del estado de Oaxaca y la región chiapaneca La Fraylesca.
Las zonas de estudio son contrastantes: una está orientada
a la subsistencia y la otra, a la comercialización, pero
en ambas prevalece la pobreza extrema. Pero en ambas el maíz
continúa desempeñando una función importante
en el estilo de vida de la gente. Los agricultores cultivan variedades
e híbridos mejorados, variedades acriolladas y variedades
criollas, dependiendo de factores como, por ejemplo, si son agricultores
de subsistencia o comerciales, o de la relación entre el
tipo de suelo y la variedad.
“Como el estudio de Mauricio y muchos otros
han mostrado, los pequeños agricultores que siembran maíz
para subsistencia y, en particular, aquellos que también
venden parte de su producción, valoran diversas características
en sus cultivos", comenta Jonathan Hellin, especialista en
pobreza del CIMMYT que ha trabajado también en las regiones
de estudio. “Por lo general, una sola variedad no puede proporcionar
todas las características valiosas y, por tanto, los agricultores
constantemente tienen que prescindir de algunas de ellas al elegir
sus variedades. Las variedades acriolladas pueden aportar características
que no tienen las variedades criollas y esto implica que el agricultor
tiene que sacrificar menos características que con las variedades
mejoradas, en lo que se refiera a calidad de grano o adaptación
a las condiciones locales".
Según Hellin, un elemento esencial es tener
confianza en la semilla, sobre todo en el caso de los agricultores
más vulnerables, que no desean correr riesgos. “Los
agricultores tienen que ver cómo se comporta la semilla antes
de probarla, incluso si esto significa utilizar semilla de segunda
generación", dice. "El hecho de que las variedades
acriolladas sean confiables contribuye al bienestar de los agricultores
de manera subjetiva pero verdadera, dándoles una sensación
de seguridad. Esto es importante para la gente sin recursos en las
zonas vulnerables”.
Pese a la adopción generalizada de germoplasma
mejorado, las razas criollas ocupan más del 20% de la superficie
dedicada al maíz en las costas de Oaxaca y La Frailesca,
y son sembradas por más de 25% de los agricultores, en particular
por aquellos que no cuentan con recursos.
Para más información,
póngase en contacto con Jonathan Hellin (j.hellin@cgiar.org)
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