CIMMYT E-News, vol 4 no. 6, Junio 2007

Comparación de métodos de labranza

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Un nuevo experimento, en el que se controla la precisión del riego, arroja datos duros acerca de los beneficios que se pueden obtener al cultivar trigo con cero labranza..

Era éste el momento de la verdad. A la derecha, un ciento de líneas de trigo (de los Ensayos Internacionales de Rendimiento de Trigo para Zonas Semiáridas 14 y 15), cultivadas en forma tradicional, en suelo que había sido arado. A la izquierda, un número similar de líneas, pero para éstas, a diferencia de las otras, se utilizó siembra directa, en los residuos de un cultivo de sorgo (el terreno había sido previamente arado en la forma acostumbrada). ¿Con qué propósito? Determinar con cuál método de cultivo se obtendrían los mejores resultados bajo distintos regímenes de riego. ¡Y gana el más rendidor!

Cuando el equipo en la estación experimental del CIMMYT en las cercanías de Ciudad Obregón, en el noroeste de México, sembró los dos juegos idénticos de semilla, abrigaba grandes esperanzas de encontrar diferencias significativas. Este experimento relativamente sencillo lo diseñó el mejorador de trigo para zonas de temporal Yann Manes. Aprovechó el hecho de que raramente llueve durante la temporada de cultivo en Obregón, ya que pudo aplicar riego de precisión para simular las diversas condiciones de temporal. Manes creía que el terreno con cero labranza rendiría más cuando no hubiera agua, pero tenía que comprobarlo. “El rastrojo del sorgo serviría para retener el agua del suelo”, comenta Manes. "Pero era ésta la verdadera prueba. Nadie había hecho una comparación directa de cero labranza en condiciones distintas pero cuidadosamente controladas en una amplia colección de variedades de trigo."

Las dos parcelas se dividieron en tres franjas y se aplicó a cada un volumen de agua cuidadosamente controlado. Utilizaron lo que los equipos en Obregón llaman “el dinosaurio”, una máquina de 50 metros de largo, con tres brazos, que distribuye el agua en forma precisa en cada surco, como si la lluvia cayera. Un grupo de plantas de cada parcela se regó con un volumen normal de agua (320 mm). La franja del centro se sometió a estrés hídrico y se le aplicó poca agua (175 mm), y la última franja de cada parcela se sembró en condiciones de sequía, y se le aplicaron únicamente 105 mm de agua en toda la temporada de cultivo. A medida que el trigo se aproximaba a la madurez, comenzaron a ser visibles algunas diferencias en las parcelas: Manes estaba muy entusiasmado. “Se notaba una diferencia en la biomasa” –señala. “Si ves aquí a la izquierda, en el trigo que se sometió a sequía, del lado donde no hubo labranza, hay más que en la misma franja de la derecha.”

A medida que el trigo se aproximaba a la madurez, comenzaron a ser visibles algunas diferencias en las parcelas: Manes estaba muy entusiasmado. “Se notaba una diferencia en la biomasa” –señala. “Si ves aquí a la izquierda, en el trigo que se sometió a sequía, del lado donde no hubo labranza, hay más que en la misma franja de la derecha.”

Sin embargo, la biomasa y el rendimiento no son lo mismo. ¿Qué pasaría si las plantas de trigo con cero labranza tuvieran hojas y tallos más grandes pero el grano no fuera ni más grande ni más abundante en la espiga? El equipo tenía que esperar hasta que se cosechara cada franja y se computaran los resultados de todas las líneas, todas las franjas y ambas parcelas.

Lo que el equipo descubrió fue que en condiciones normales de temporal no había diferencias considerables en el rendimiento de las dos parcelas. Esto revelaba lo que se había observado en los ensayos a largo plazo de las distintas prácticas de labranza que se habían realizado en Obregón; que los beneficios de la labranza cero, en comparación con la labranza normal, comienzan a producirse solo después de cuatro o cinco años. Pero cuando había escasez de agua, la historia era totalmente diferente. Tanto en condiciones de riego reducido como de sequía simulada hubo un incremento en el rendimiento promedio de entre 8 y 9% para los trigos del lado de la parcela con cero labranza. La labranza cero venció a la labranza convencional.

Las muestras que se tomaron durante el ciclo de cultivo confirmaron que, en este experimento, el suelo con cero labranza conservó mejor la humedad que el suelo labrado con prácticas convencionales. Asimismo, los datos arrojaron otras interesantes ideas de cómo los diferentes trigos responden a la sequía y las prácticas agronómicas, y Manes dice que abren la puerta a toda una nueva línea de investigación: determinar si se obtienen resultados distintos en el mejoramiento cuando se hacen selecciones de parcelas con cero labranza y no de parcelas con labranza convencional

El trabajo se hizo en colaboración con el grupo de agrónomos del CIMMYT, encabezados por Ken Sayre, que analizaron las muestras de suelo, y con José Crossa, del Laboratorio de Informática Aplicada a la Agricultura (CRIL), que hizo el análisis estadístico.

Manes advierte que son datos de un solo ciclo. Planea repetir el experimento el año que viene, y mientras tanto el ex mejorador del CIMMYT Richard Trethowan está haciendo uno similar en Australia.

“Creo que en la siguiente temporada los resultados podrían ser mucho mejores”, dice muy optimista Manes. “El suelo ya tendrá otro año de cero labranza, con más residuos orgánicos en la superficie para retener el agua. Al menos eso es lo que espero, pero, obviamente, no lo sabré hasta que lo ensaye.”.

Para más información: Yann Manes, mejorador de trigo en zonas de temporal (y.manes@cgiar.org).

 
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