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El maíz motoriza la economía de Bangladesh
Los productores de la región norte de Bangladesh están ganando dinero con el maíz gracias a la capacitación y el apoyo del CIMMYT y sus colaboradores. El maíz, un cultivo relativamente nuevo en Bangladesh, hasta ahora ha sido sembrado principalmente para la industria de alimento para aves de corral. Pero ahora los agro-empresarios quieren promoverlo como alimento para consumo humano, y los agricultores están empezando a consumir parte del maíz que producen.
El arroz es rey en Bangladesh, pero los campos que se observan al ir uno avanzando al norte hacia el estado de Patgram, en la frontera con la India, se ven amarillos porque están sembrados con maíz. Los agricultores de la aldea de Ghonabari, conocida por su comida picante, han tenido bastante éxito produciendo maíz como cultivo comercial para la industria de alimentos para aves de corral.
Ershad Hossain Saju y su mujer le prestaron dinero a los productores de maíz de su comunidad. Gracias a ese apoyo, los productores pudieron comprar insumos agrícolas como fertilizante para ayudar a mejorar los rendimientos |
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“El maíz está bien adaptado a los fértiles suelos aluviales del país, por lo cual es posible sembrarlo en cualquier época, salvo la temporada de lluvia”, dice Enamul Haque, agrónomo experto en sistemas de cultivo que trabaja en el CIMMYT en Bangladesh.
En Bangladesh, el maíz generalmente produce más de 5.5 toneladas por hectárea, pero muchos productores de Patgram dicen que obtienen rendimientos más altos ––hasta 9.5 t/ha. ¿Su secreto? Muchos han participado en el programa de capacitación para toda la familia (WFT, siglas en inglés) del CIMMYT, donde aprendieron a sembrar el cultivo.
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Según explica Haque, la agricultura es una actividad familiar en Bangladesh. “Hombres, mujeres y niños trabajan en equipo en el campo y juntos deciden a qué precio van a vender la cosecha”, dice. El WFT ofrece a la familia entera la oportunidad de aprender todos juntos, utilizando libros con imágenes agrícolas, complementadas por explicaciones sencillas de cómo sembrar y cosechar el maíz. El manual del WFT sobre el maíz tiene un mínimo de texto en bengalí, pero las imágenes hace que sea fácil de entender, aun para los productores que no saben leer. Más de 30,000 ejemplares del manual han sido distribuidos y, según Haque, varias organizaciones no gubernamentales, empresas privadas y dependencias del gobierno también han reproducido y utilizado el manual del WFT para promover el maíz en Bangladesh.
El CIMMYT se asoció con un molino de maíz local ––Doyel Agro Industrial Complex Ltd.–– a fin de diseminar el WFT. Cada agricultor participante recibió 2 kilos de semilla híbrida al terminar su capacitación. Los agricultores siembran el maíz y lo venden a Doyel, y la empresa entonces seca y almacena el maíz, y lo vende como alimento para aves de corral.
Préstamos que ayudan a romper el ciclo de pobreza
Los 25 agricultores que están sentados mientras hablan con Haque se ponen de pie respetuosamente cuando Ershad Hossain Saju, el representante local de Doyel, entra en el salón. Saju y su esposa (ver foto arriba) prestaron dinero a los agricultores para que compraran insumos como fertilizantes que ayudan a mejorar los rendimientos. Los Saju actuaron como avales y pudieron dar una tasa de interés razonable a los productores, quienes no tuvieron que dar al banco un soborno del 20% para obtener un préstamo.
Según los Saju, su empresa se vio afectada el año pasado por la influenza aviar y varios ciclones, y también porque el precio del maíz cayó. Pese a que solo alrededor del 70% de los agricultores han terminado de pagar sus préstamos, los Saju dicen que no se arrepienten de haberles ayudado. “Creo que ayudé a mejorar el nivel de vida de estos productores pobres, y esto es lo que Alá, el creador, me dijo que hiciera”, comenta el Sr. Saju.
Durante la reunión, el Sr. Saju escucha a los productores mientras le cuentan a Haque cómo el hecho de cultivar maíz ha cambiado su vida. “Antes tenía una casa de paja, pero ahora mi casa está hecha de ladrillo”, comenta uno. “Nosotros quemamos el rastrojo del maíz para cocinar”, comenta otro. “Los precios de la tierra han subido y cuesta más contratar a alguien para que ayude a trabajar los campos”, dice un tercero. Este último cambio, aunque refleja la prosperidad local, puede afectar a los productores que están acostumbrados a pagarle menos a los jornaleros. Sin embargo, los otros cambios sí han favorecido a los productores; por ejemplo, cerca del 50% de ellos han cambiado su bicicleta por una motocicleta. Este medio de transporte más rápido significa que los niños pueden asistir a una mejor escuela fuera de la aldea, y que los agricultores mismos pueden trasladarse para realizar otras actividades comerciales

En 2006, el CIMMYT se asoció con el Instituto Bengalí de Investigación Pecuaria (Bangladesh Livestock Research Institute, BLRI)
para desarrollar un prototipo de una máquina cortadora de rastrojo, con financiamiento de DANIDA (Asistencia Danesa para el Desarrollo Internacional) “El forraje verde de maíz contiene más proteína útil para el ganado que otros forrajes. Esta máquina ayuda a los productores a darle a su ganado un buen forraje de maíz verde o de otros cultivos como el trigo, el triticale y el arroz”, dice Haque. Según él, más de 200 cortadoras han sido vendidas en el país. |
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Desde los pollos hasta la gente
El hecho de que los rendimientos de maíz se han incrementado significa que hay más maíz para todos, y el cereal al parecer empieza a ser comido por los bengalíes, cuyo país se encuentra entre los más pobres y más poblados del mundo. Durante la crisis alimentaria, los productores dicen que notaban que faltaban mazorcas en sus parcelas porque los aldeanos estaban robándolas para comérselas. Los chapatis, las tradicionales tortillas de los bengalíes, se suelen elaborar con harina de trigo, pero la gente ahora agrega harina de maíz a la de trigo para poder hacer más chapatis para la familia. Los agricultores de Ghonabari revientan los granos de maíz como golosina para sus hijos, o los muelen y los cocinan con azúcar, especias, chiles o jengibre. “Cerca del 15% del maíz que se produjo en Bangladesh el año pasado fue consumido por la gente”, comenta Haque.
La superficie sembrada con maíz se ha ido expandiendo desde principios de los años 2000, como resultado de la demanda de la industria de alimento para aves
de corral. Según un informe del CIMMYT,
en 2005-06 se sembraron alrededor de 137,000 ha con maíz; esta cifra subió a 179,000 ha en 2006-07. “Mi meta es utilizar solo maíz producido en la localidad”, dice Md. Mizanul Hoque Mizan, vicepresidente de Doyel. La empresa en la actualidad utiliza maíz producido en el país cerca de cuatro meses del año; el resto del año tiene que importar de los países vecinos el grano que necesita para satisfacer su actividad comercial.
Al maíz le gusta el calor
La empresa Doyel colabora con el Comité Bengalí para el Avance Rural (Bangladesh Rural Advancement Committee, BRAC) en la promoción de maíz blanco para consumo humano.
A medida que la temperatura vaya subiendo como resultado del calentamiento global, el maíz puede ayudar a alimentar la creciente población de Bangladesh. Según Haque, “El maíz rinde cerca de tres veces más que el arroz y el trigo, y resiste mejor las altas temperaturas”. Dice Mizan, “Con una población de 156 millones, hay mucho campo para aumentar el consumo de maíz en el país”.
Para más información, comuníquese con: Enamul Haque, agrónomo especialista en sistemas de producción del CIMMYT-Bangladeshe.haque@cgiar.org .
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